Abigail Arredondo advierte que la reforma castiga a quienes trabajaron décadas y deja intactos los beneficios de altos funcionarios ligados al poder.
El discurso de austeridad vuelve a chocar con la realidad. Mientras se promete poner fin a los excesos del poder, las decisiones terminan cargando el costo sobre quienes menos margen tienen para resistirlo. La reforma que hoy se impulsa no corrige abusos: los redistribuye, pero hacia abajo. Y eso cambia por completo el sentido de lo que se está votando.
Desde esa línea, Abigail Arredondo fija una postura sin matices. La diputada federal y presidenta del PRI Querétaro advierte que el recorte a pensiones golpea directamente a quienes sostuvieron al país durante años. No se trata de privilegios, insiste, sino de derechos adquiridos tras décadas de trabajo. Para la legisladora priista, presentar esta medida como justicia social es una simulación. Lo que hay detrás, afirma, es una decisión que castiga al trabajador mientras protege al poder.
El problema, explica, no es solo el ajuste, sino a quién sí y a quién no se le aplica. La reforma evita tocar las pensiones más altas, aquellas vinculadas a figuras cercanas al oficialismo. Abigail Arredondo pone ejemplos que evidencian la contradicción: mientras se habla de eliminar excesos, hay perfiles que continúan recibiendo ingresos muy por encima del promedio. Esa omisión no es técnica, es política. Y revela el verdadero alcance de la llamada austeridad.
Ahí es donde aparece el patrón. Morena construye una narrativa contra los privilegios, pero en la práctica redefine quién los conserva. La diputada advierte que el oficialismo mantiene intacta a su élite mientras reduce derechos a la base trabajadora. El mensaje es claro: la austeridad no es pareja. Y en esa desigualdad se profundiza un modelo que concentra decisiones y recursos desde el centro del poder, dejando a la ciudadanía con menos.
Frente a ese escenario, Abigail Arredondo plantea una línea de acción: no normalizar el recorte de derechos bajo el argumento de eficiencia. Defender las pensiones no es resistirse al cambio, es evitar que se desdibuje el valor del trabajo. Porque cuando se ajusta hacia abajo sin tocar arriba, la señal es evidente. Y el impacto también.
