La columna de Abigail Arredondo desenmascara la “podredumbre” de la corrupción y el costo real del desfalco a México.
Abigail Arredondo Ramos ha lanzado una bomba en su más reciente columna, al poner el reflector sobre la podredumbre que, según ella, rodea a la autodenominada Cuarta Transformación. Los casos de corrupción no son incidentes aislados, sino un patrón que ha alcanzado dimensiones estratosféricas, afectando directamente el patrimonio nacional. La 4T, que prometió ser el estandarte de la honestidad, se enfrenta a una lista creciente de escándalos que incluyen desde Segalmex y Dos Bocas hasta el infame caso del huachicol fiscal. La reflexión que exige Arredondo es demoledora: los integrantes de este régimen deben decidir si quieren ser recordados por su promesa de rectitud o por haberse enriquecido a costa del erario.
Dos escándalos recientes demuestran la magnitud del desfalco y la peligrosa infiltración criminal en las cúpulas del poder. Primero, el huachicol fiscal, operado desde las aduanas con complicidad de personal de la Secretaría de Marina, que genera una merma estimada de 500 mil millones de pesos al año a la Tesorería. Segundo, el caso del cártel de “La Barredora” en Tabasco, cuyo líder era el jefe de la policía estatal, Hernán Bermúdez “N”, funcionario ratificado por el entonces gobernador Adán Augusto López. Este grupo criminal traficaba y operaba una red masiva de huachicol en el sureste, obligando a empresarios gasolineros a comprar combustible robado. Estos actos, minimizados por la cúpula, han provocado un quiebre brutal en las finanzas del país y en la dignidad de los mexicanos.
El contraste entre la promesa y la realidad es el verdadero quiebre en el patrimonio de México. Abigail Arredondo Ramos subraya que los miles de millones robados en estos dos casos, si se hubieran destinado correctamente, habrían financiado hospitales, escuelas, medicinas, mantenimiento de carreteras y la ampliación de programas sociales. Este agravio, que afecta directamente la calidad de vida de las y los mexicanos, demuestra que la fallida política de seguridad de “abrazos, no balazos” no solo dejó un baño de sangre, sino que también permitió a organizaciones criminales operar a plena luz del día y al amparo del poder.
Desde la dirigencia nacional, el presidente Alejandro Moreno ha sido un crítico incansable de esta corrupción sistémica, alineándose con la postura de Abigail Arredondo para exigir total eficacia en las sanciones. El líder ha utilizado su plataforma para condenar estos hechos y exigir a las autoridades, sin importar su nivel, que actúen con la contundencia que demanda el patrimonio nacional. Es urgente la reflexión y la acción para que los responsables no queden impunes.