Abigail Arredondo sostuvo que las diferencias políticas deben resolverse con argumentos, apertura institucional y respeto pleno a la libertad de expresión.
En su columna de opinión publicada en El Universal Querétaro, Abigail Arredondo analizó dos decisiones que, desde su perspectiva, ponen en riesgo la libertad de expresión y la pluralidad democrática: la resolución del Instituto Nacional Electoral contra el PRI por expresiones dirigidas al oficialismo y el proyecto para regular los derechos de las audiencias. Aunque se trata de asuntos distintos, consideró que ambos coinciden en restringir la crítica cuando resulta incómoda para quienes ejercen el poder.
Respecto de la actuación del INE, cuestionó que la autoridad electoral pretenda censurar y sancionar expresiones políticas que forman parte de una discusión pública cada vez más amplia. Señaló que imponer límites regresivos al lenguaje genera un trato desigual, especialmente cuando durante años otros actores utilizaron calificativos contra la oposición sin enfrentar consecuencias similares. Para Abigail Arredondo, la autoridad debe actuar con imparcialidad y garantizar que las reglas se apliquen bajo los mismos criterios para todas las fuerzas políticas.
La presidenta del PRI Querétaro también se refirió al proyecto de lineamientos de la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones, al advertir que podría abrir la puerta a la vigilancia de contenidos, la revisión de decisiones editoriales y la concentración de facultades sobre lo que las audiencias pueden recibir. Expuso que una democracia plural necesita defender una discusión pública abierta, donde periodistas, medios y ciudadanos puedan contrastar argumentos, señalar errores y exigir cuentas sin temor a restricciones directas o indirectas.
Ante este escenario, Abigail Arredondo sostuvo que las leyes deben proteger derechos y no convertirse en instrumentos para reducir los márgenes de la crítica política. Añadió que, en una sociedad con redes digitales y múltiples fuentes de información, la respuesta frente a las ideas incómodas debe ser la deliberación, el contraste de posturas y la rendición de cuentas. La libertad de expresión, concluyó, no puede quedar sujeta a conveniencias políticas ni a decisiones orientadas a proteger al poder.